Cuento sin título (Para no crear grandes expectativas, supongo)

Habían pasado las horas. Sin darse cuenta ya habian dado la una, las dos, las tres, el reloj las marcaba con elegancia, con precisión.

Ella (casi) siempre correcta, ella, la niña (casi) siempre perfecta, la (casi) siempre prudente (Aparentemente) se divertía.
En el aire esa sensación de que todo estaba bien, y en su mente la constante voz de su madre: gritándole, refunfuñando, quizás llorando.

Hace horas que no volvía a casa, y la primera idea de huida que tuvo en la mañana le parecía lejana, como si nunca hubiera pasado, como si no hubiera sido ella la que en la noche anterior preparaba un bolso con alguna ropa y dinero. "Ya no sirve de nada arrepentirse" o algo así pensó.
A su lado estaba él; (casi) siempre cariñoso, (casi) siempre amable, (casi) siempre leal, lo miró detenidamente, su expresión había cambiado mucho desde que se asomó a su ventana y le dijo "Ya es hora, vamos". Antes su expresión decía ansias y amor en todo su rostro, ahora decían arrepentimiento... o tramar algo. En ese momento se paralizó del terror, sí, ¿tramar algo?, porque eso era lo que podía leer en su rostro, sus cejas fruncidas, su mirada fría... No, él no le haría nada, confíaría plenamente en sus palabras, "será divertido escapar un tiempo... sin que nadie más lo sepa, solo tú y yo", después de todo él era (casi) siempre cariñoso, (casi) siempre amable y (casi) siempre leal...
El reloj seguía marcando los segundos, cada vez con más elegancia, cada vez con más precisión, pero cada vez más lento.

Ella observó el reloj a las 5:34 de la madrugada de un día sábado de febrero, en ese minuto no tuvo más preocupaciones, se olvidó de su madre y de las cejas fruncidas, de que su novio tramaba algo, y de que hace horas que se había arrepentido de tomar esa decisión.
A las 5:34 de esa madrugada de febrero, luego de haber visto a su novio dormido al volante, luego de haber visto una luz en frente de ellos (¿Un camión, quizás?), observó su reloj.

5:34 de la madrugada. Fue lo (último) único en que pensó.




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